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| San Ignacio |
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En 1724 fue fundada la Reducción de San Ignacio de Zamucos, la cual dejó de existir en 1745, lo cual dio oportunidad de erigir una nueva Reducción. Es así que cuando fue destruida San Ignacio de Zamucos con el consiguiente abandono de los misioneros, en 1748 el Padre Miguel Streicher reconcilió a los sobrevivientes de los Zamucos con los Ugarones y fundó una nueva Reducción ubicada a ocho leguas al norte de San Miguel Arcangel. Le puso el nombre de San Ignacio de Loyola, hoy San Ignacio de Velasco, capital de la Provincia Velasco. Este fue el punto de partida de una gran iglesia, la más grande y ostentosa de toda la región. El Padre Martin Schmid diseñó el retablo de su templo que tuvo fama de ser el más hermoso de los retablos de la Chiquitania. La agricultura era la base de la economía de la Misión, para ello construyeron lagunas y represas para satisfacer sus necesidades de agua. Así mismo crearon todo un sistema de talleres para cubrir todos los oficios y necesidades de la comunidad, de esta forma aparecieron cada vez más casas, pues la población iba creciendo. Así pasaron diecinueve años de progreso en la Misión San Ignacio de Loyola cuando en 1767, sucedió un acontecimiento de trascendencia continental: el Rey Carlos III decretó el 27 de febrero de dicho año la expulsión de todos los Jesuitas de los dominios españoles, los cuales hasta el 18 de abril de 1768 acabaron de abandonar el territorio. Posteriormente correspondió al Coronel Aymerich, a nombre de la Corona de España y para suerte de la futura Bolivia, el conservar la Misión con sensatez y clarividencia, preservando por sobre toda la instucionalidad dejada por los Jesuitas. Es así que en 1805 y siendo merecedora de tales honores la población consigue la capitalidad, aprobada por el Rey, en el nuevo plan de gobierno. Don Francisco Javier Velasco, fue nombrado administrador y secretario, su labor seria sumamente importante, pues a su costa se reconstruyó la mayoría de la Misión, que había sido destruida en un incendio dos años antes. La primigenia obra se comenzó el 31 de julio de 1748, con 18 columnas de madera, es decir un tramo más que el resto de las construcciones hechas por Schmid, todas ellas, labradas a lo salomónico, y pintadas con colores ordinarios. Tenía 4 arcos de ladrillo en el presbiterio, y 14 ventanas, de las cuales cuatro tenían vidrios, el resto postigotes de madera. El altar mayor se organizaba en cuatro columnas de ladrillo pintadas, y tres calles, lo que indica que el padre Schmid no alcanzó a realizar el nuevo altar. Contaba también con dos retablos colaterales, dos órganos en el coro, y un púlpito de tabla y escalera. Se sabe también, que el interior estaba todo pintado con moldura de barro. También el altar mayor al igual que los colaterales, estaba dorado y perfilado. En el cuerpo de la iglesia había escaños para los jueces indios y una pila de bronce, y depósito de guardas anchas. En la sacristía había un nicho con un Señor atado a la columna, dos Cristos, 8 cuadros grandes de lienzo, y 19 estampas de papel, además del aguamanil de estaño y bellas cajoneras de madera. Después de dos incendios sufridos en este pueblo, en un inventario ya se hace mención al retablo actual, una construcción de tres cuerpos y tres calles con numerosas columnas doradas y ocho nichos con esculturas de muy buena factura. No serian solo estos, los avatares que tendría que soportar esta construcción, pues en el 1948, amenazaba ruina y peligro para los fieles, así que la iglesia fue demolida. Posteriormente en Julio de l año 2000 consluyó la edificación de una nueva iglesia siguiendo al pie las directrices de la antigua y rescatando todos los enseres y retablos con los que contaba la antigua construcción, y así se conserva hasta el día de hoy.
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La llamada nación de los Chiquitos, estaba formada por aproximadamente 36 tribus, las cuales con el tiempo y con la acción integradora de los jesuitas, hablarían todas el mismo idioma: Besiro o Chiquitano.